No os voy a mentir, ha sido un día dificil. Desde anoche lo está siendo. Yo pensaba que lo tenía más asimilado, que no me afectaría demasiado irme, pero ha sido más complicado de lo que creía. Al final, y contra mi voluntad, todo ha sido un mar de lágrimas.
El viaje, largo y melancólico. El autobús incómodo, la película horrible, el aeropuerto un caos. De vez en cuando, alguna lagrimilla se me escapaba. Soy un blando.
Sin embargo, no olvidemos que hoy es martes y trece, día de buena suerte para todos y yo, cómo no, no iba a ser una excepción. Los vuelos LowCost son traicioneros, siempre son distintos de lo que esperas pero es que, además, te timan con una facilidad asombrosa. Como me iba para todo un año, decidí facturar dos maletas grandes creyendo que cada una podría contener 20 kilos. 40 kilos de chismes y ropa para todo un año se antojaba todo un reto, pero lo superé con ciertas combinaciones de tretris que me llevaron buena parte de la tarde y la noche. Sin embargo, la sombra del martes y trece se ceñía sobre mi: cuando llego a facturar me dicen que no, que los 20 kilos son por cada pasajero, no por cada maleta. La cuestión es la siguiente ¿qué puto sentido tiene que facture varias maletas si no puedo facturar más peso? ¿Si facturo 20 maletas de un kilo será igual? ¿Qué clase de mono retorcido ha ideado esta medida? En fin..., con cara de pena pregunto por una solución y, a sabiendas de que Correos estaba cerrado, me quedaban 20 minutos para embarcar y no tenía a nadie en un radio de 300 kilómetros a quien encomendarle mi maleta decidí facturarla como peso extra. Sopresa la que se me venía encima. El mayor timo del siglo: 12€ por kilo, lo que en un total de 18 kilos hacían 216 eurazos. Un mes de piso en una sola maleta. Un negocio redondo.
En medio de un monumental cabreo, no era para menos, decidí tirar de picaresca española. En un primer intento agarrá la maleta con disimulo para aligerar la marca de la váscula. Primer intento fallido, no era una maniobra demasiado discreta. Así que me quedaba restregarme a pedirle a la tiaputa de las maletas que me hiciese el favor de poner menos peso, que este mes no podría comer si facturaba la maleta, que me perdonase la vida. Impasible dijo: "lo siento pero no puedo, son las normas" ¡Oye la tiaputa!
Agaché la cabeza y dejé que me desplumaran. Primera batalla contra el sistema perdida, pero no será la última.
A la llegada, lo normal. Un caos para conseguir las maletas, un coñazo para encontrar un taxi que supiese dónde vivo y, al final, llegada a casa. Una casa pequeña -como todas las de por aquí-, a compartir con un amigo y una chica que no conozco de nada. Hoy empieza mi vida de emancipado en otro país, y empieza por todo lo alto.
*Consejo erasmus nº1: "No os fieis de los vuelos LowCost"
A mí también me pasó lo del peso extra y lo peor era que yo no tenía dinero, fue un show, y sí, la tía ERA UNA TÍAPUTA incompetente como ella sola
ResponderEliminarjajajaja
ResponderEliminarsólo son los primeros obstáculos de un año lleno de experiencias que se avecina :)
un cronopio murciano que nunca ha sido timado de tal forma te envidia...