El día se presentaba interesante. A las 7.30 (en realidad me levanté más tarde, esta es la hora a la que DEBÍA levantarme) levantado para ir a clase a las 8.30. Después de una interesante clase sobre Naming and Necessity de Saul Kripke (leído en inglés, muchachas soy un partidazo, ¡no me dejeis escapar!) tocaba volver a casa hasta las 18.00, hora de la siguiente clase. Esto es lo que se llama un día aprovechado, levantarte para hora y media de clase y tener que volver ocho horas después.
Después de terminar la clase a las 20.00 tocaba, de nuevo, volver a casa a preparar la noche. Una cena romántica con Fran, una botella de vino (para mí blanco y para él tinto porque es un clásico), una compañera de piso oyendo el fútbol y pegando gritos. Pudimos hacer el amor -Fran y yo- encima de la mesa de la cocina, pero es demasiado pequeña y yo sigo estando gordo, asi que lo dejamos para otra ocasión. Salimos en busca de unas chicas españolas con las que habíamos quedado y, al llegar a Camoes, el dulce sonido del castellano inundó mis oídos:
-¿Sois españoles?
-Sí. Pero eso no tiene mucho mérito, aqui la mayoría son españoles.
-¿Nos vamos de fiesta?
-¡Vale!
Breve pero intenso. Cuatro frases y aquel grupo que empezó con dos personas que se amaban -de nuevo, Fran y yo- se multiplicó cual bocata de sardinas en el Antiguo Testamento hasta llegar a siete. Empezamos con la sangría, dicen que la mejor de Lisboa, y la verdad es que no está nada mal. Algunos subieron la apuesta a los mojitos y las caipirinhas y entonces llegó el plato fuerte: Mojitos con absenta. Solo los probé y ya me dieron cosica. ¡Estos portugueses son unos bárbaros! ¿En qué momento perdieron la razón y se les ocurrió mezclar el mojito con la absenta?
La fiesta estaba en la calle. Los bares son para nenas, aquí se vive en la calle. Y pude descubrir algunas cosas: las portuguesas no son feas por naturaleza, no hay un gen de fealdad intrínsecamente ligado a la nacionalidad portuguesa, de hecho, hay algunas que estan bastante buenas. Sin embargo, a mis ojos de occidental civilizado en tierra de bárbaros bebemojitosconabsenta me parece que las que están buenas, están jodidamente buenas, y las feas, son feas como un tiromierda -en murcia va to´junto-. Ligar con una portuguesa fea es casi como hacer caza mayor, es como vender tu alma al diablo, luego nunca vuelves a ser el mismo. Las que tienen bigote tienen más bigote que yo, ¡son mucho más hombres que yo!, tienen pelos en el entrecejo ¡muchos!, y puedo jurar que después de la segunda sangría, casi parecía que tenían cuernos como los ciervos o los ñues.
El alcohol, a parte del conocido mojito antes mecionado al que, para entendernos entre nosotros, llamaré Mojito on Fire!, es raro. Les gustan los cubatas muy cargados, que notes como se te calienta el pecho con cada trago pero, a la vez, los vasos de cubata son más pequeños y más finos que en España -como en España en ningun sitio, eso está claro-. Como con las mujeres, aquí tampoco hay término medio, o bien te bebes el chupicubata (nombre científico que adoptaremos para referirnos al cubata portugués) o bien ya te pasas al cubata de medio litro e incluso el conocido cubalitro, que ronda los 7 euros, creo.
Al final de la noche acabamos en un concierto en la calle, con un vaso de cerveza portuguesa y con un sueño que no me tenía en pié. Tocaba, de nuevo, volver a casa, pero esta vez, a dormir la mona.
Consejo Erasmus nº 4.- Cuando salgas de España no te olvides de llevarte botellas de lo que te guste, allí donde vas puede que no haya.
sábado, 24 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
El profesor portugués
Hoy amigos, quiero mostraros mi último descubrimiento (redobles y humo, por favor): los profesores portugueses son todavía -y fijaos que uso es advervio "todavía" para acentuar lo sorprendente y grande de mi afirmación- más vagos que los españoles.
Me imagino ahora a hombres asustados, anonadados, abrazando a sus mujeres y niños que desconcertados miran a los lados mientras derraman lágrimas de horror y desesperación. Años cultivando un modo de vida sosegado y calmado, anteponiendo la siesta a todo, viviendo segun el principio del "prima non data y última dispensata" que se aplicaba a todas y cada una de las clases y tareas para que venga una horda de bárbaros que hablan un castellano paleto y nasal a jodernos el record. ¡Cabrones desalmados!
¿Y como, oh gran maestro -os preguntareis sin duda-, has llegado a esta inusitada conclusión antropológica? Buena pregunta amigos. Todo comienza en la clase (ya sabeis que soy un observador nato). En primer lugar me encontraba yo en el aula a las ocho menos diez de la mañana, con un sueño que te cagas y sin haber desayunado porque soy más vago que el suelo y prefiero dormir antes que comer (dormir es mucho más necesario y vital, todo el mundo lo sabe), esperando a que llegase el primer profesor del día (al que llamaremos, para darle un toque científico "Sujeto A"). Pues bien, en lo que A llegaba a la clase, con sus cojones bien redondos, eso sí, se me iba antojando la idea de dormir encima de la mesa. Lo primero es saludar a los alumnos, presentarse y, a continuación: "he pensado que en vez de a las ocho, podríamos empezar a las ocho y media". Mientras decía eso, el mono haciendo sudokus que tengo en la cabeza se despertaba ¡Una buena noticia! ¡Podré dormir media hora más! (no penseis que la iba a usar para desayunar, eso sigue siendo prescindible).
A las dos de la tarde (sí, habeis leido bien, a las dos, los bárbaros éstos no paran ni a comer, lo que, no habiendo desayunado hacía la situación muy divertida) era mi próxima clase. Entra en escena el Sujeto B, una señora mayor, delgada, que ha dado su clase con gafas de sol (no le busqueis sentido, no lo tiene) y, para terminar, ha dicho: "Mirad chicos, yo vivo fuera de Lisboa y paso de venir el viernes a las seis para irme a las ocho, asi que esa clase podemos suprimirla ¿no?". Ale, con dos cojones y una clase menos el viernes (dia que acabo a las diez de la mañana, empezando, eso sí, a las 8 con el Sujeto A).
Por último, clase con el Sujeto C. Desconocido. Un hombre que por no venir ha decidido poner todas sus horas de clase en sesión continua (cuatro horas) y que, para colmo, hoy ni aparece. Esto me alegraría si no fuese porque es mi tutor Erasmus, el que se encarga, se supone, de que todo esté en orden. Un tipo que ni aparece...
No quisiera ser yo el que critique el absentismo del profesorado, cuanto más vagos sean, más tiempo me queda a mi para dedicarme a mis exigentes tareas filosóficas tales como tocarme las pelotas al compás de una campanita o bien, tocárselas a Fran (esto lo hago por cambiar mi rutina, no por homosexualidad, que conste).
Así que, una vez que he logrado desentrañar los intrincados secretos de la Facultad de Letras que,e stoy seguro, o bien ha sido contruida por una especie de mono con retraso mental o por Belén Esteban, me he ido a chisparme. A las cuatro de la tarde, sentado en una mesa con una italiana boloñesa y un barcelonés que acababa de conocer, para acabar con los de la tuna de letras viendo como Fran se defogaba con la guitarra. Respecto a la fiesta, no andan mal, sólo que beben garrafón y eso, por la mañana, se paga ¡vaya si se paga!
Consejo Erasmus nº3.- Todo momento es bueno para conocer amigos, y si te chispas ¡mejor!
Me imagino ahora a hombres asustados, anonadados, abrazando a sus mujeres y niños que desconcertados miran a los lados mientras derraman lágrimas de horror y desesperación. Años cultivando un modo de vida sosegado y calmado, anteponiendo la siesta a todo, viviendo segun el principio del "prima non data y última dispensata" que se aplicaba a todas y cada una de las clases y tareas para que venga una horda de bárbaros que hablan un castellano paleto y nasal a jodernos el record. ¡Cabrones desalmados!
¿Y como, oh gran maestro -os preguntareis sin duda-, has llegado a esta inusitada conclusión antropológica? Buena pregunta amigos. Todo comienza en la clase (ya sabeis que soy un observador nato). En primer lugar me encontraba yo en el aula a las ocho menos diez de la mañana, con un sueño que te cagas y sin haber desayunado porque soy más vago que el suelo y prefiero dormir antes que comer (dormir es mucho más necesario y vital, todo el mundo lo sabe), esperando a que llegase el primer profesor del día (al que llamaremos, para darle un toque científico "Sujeto A"). Pues bien, en lo que A llegaba a la clase, con sus cojones bien redondos, eso sí, se me iba antojando la idea de dormir encima de la mesa. Lo primero es saludar a los alumnos, presentarse y, a continuación: "he pensado que en vez de a las ocho, podríamos empezar a las ocho y media". Mientras decía eso, el mono haciendo sudokus que tengo en la cabeza se despertaba ¡Una buena noticia! ¡Podré dormir media hora más! (no penseis que la iba a usar para desayunar, eso sigue siendo prescindible).
A las dos de la tarde (sí, habeis leido bien, a las dos, los bárbaros éstos no paran ni a comer, lo que, no habiendo desayunado hacía la situación muy divertida) era mi próxima clase. Entra en escena el Sujeto B, una señora mayor, delgada, que ha dado su clase con gafas de sol (no le busqueis sentido, no lo tiene) y, para terminar, ha dicho: "Mirad chicos, yo vivo fuera de Lisboa y paso de venir el viernes a las seis para irme a las ocho, asi que esa clase podemos suprimirla ¿no?". Ale, con dos cojones y una clase menos el viernes (dia que acabo a las diez de la mañana, empezando, eso sí, a las 8 con el Sujeto A).
Por último, clase con el Sujeto C. Desconocido. Un hombre que por no venir ha decidido poner todas sus horas de clase en sesión continua (cuatro horas) y que, para colmo, hoy ni aparece. Esto me alegraría si no fuese porque es mi tutor Erasmus, el que se encarga, se supone, de que todo esté en orden. Un tipo que ni aparece...
No quisiera ser yo el que critique el absentismo del profesorado, cuanto más vagos sean, más tiempo me queda a mi para dedicarme a mis exigentes tareas filosóficas tales como tocarme las pelotas al compás de una campanita o bien, tocárselas a Fran (esto lo hago por cambiar mi rutina, no por homosexualidad, que conste).
Así que, una vez que he logrado desentrañar los intrincados secretos de la Facultad de Letras que,e stoy seguro, o bien ha sido contruida por una especie de mono con retraso mental o por Belén Esteban, me he ido a chisparme. A las cuatro de la tarde, sentado en una mesa con una italiana boloñesa y un barcelonés que acababa de conocer, para acabar con los de la tuna de letras viendo como Fran se defogaba con la guitarra. Respecto a la fiesta, no andan mal, sólo que beben garrafón y eso, por la mañana, se paga ¡vaya si se paga!
Consejo Erasmus nº3.- Todo momento es bueno para conocer amigos, y si te chispas ¡mejor!
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Sobre burros y burrócratas
Hoy he tenido mi primera toma de contacto con la burocracia portuguesa. A primera hora decidir ir a la universidad a terminar con el papeleo y ¡sorpresa! Los funcionarios son en Lisboa aun más vagos que en España. Era imposible, no me lo podía creer, una oficina cerrada un miércoles a las diez de la mañana. ¿En qué clase de mundo vivo que creía que los miércoles se trabajaba? ¿Acaso los españoles somos los más trabajadores de Europa? ¿Al menos de la península?
Visto el primer fracaso, y ya acumulo unos cuantos, decidí ir al banco a hacer un trámite tan simple como abrir una cuenta y juro que jamás nadie me puso tantos problemas para recibir dinero. En primer lugar, y una vez que he conseguido entenderme con la señora del banco -cosa que no ha sido fácil- me dice que necesito un certificado de matriculación. Ese certificado sólo me lo darán cuando sepa en qué me tengo que matricular, es decir, cuando el señor vicedecano de relaciones internacionales de la Facultad de Filosofía -un hombre que nadie sabe cómo y porqué tiene ese puesto y del que depende la vida de muchos estudiantes- decida si me convalida o no las asignaturas. Pero es que ésto viene de más lejos. Una vez que conseguí que el tal vicedecano me aceptase la propuesta de convalidación el pasado verano, la envié a Lisboa -un mes después de cerrarse el plazo de envío, todo hay que decirlo- y me la devolvieron firmada y confirmada por la Facultad de Letras de aquí, mi próximo lugar de estudio. Así que, teniendo eso decidí no preocuparme y dedicarme a cosas profundas de filósofos como chisparme y hacerme rastas en los pelos del ombligo en lo que iba llegando septiembre y el trabajo de Jarauta apremiaba. Una vez que decidí de dónde copiar el trabajo -lo hice copiando a varios, con lo que no es plagio sino documentación bibliográfica que, siendo lo mismo, suena mucho más académico y respetable- se me ocurrió mirar mi horario y ¡sorpresa! Mis asignaturas habían desaparecido. A una semana de viajar a Lisboa me quedo con cinco asignaturas. Otra vez a hacer la propuesta, otra vez a enviarla, otra vez a que el señor Schriewer la procese -con el consiguiente mes que ello conlleva- y, por supuesto, me toca viajar sin saber siquiera si podré matricularme de alguna asignatura. Pues bien, sin ese papelito de España, no puedo hacer el papelito de Portugal que me dará acceso a mi cuenta corriente, que a su vez me dará acceso a dinero que a su vez -y así ad infinitum- me dará acceso a comida y evitará que tenga que mendigar y vivir en la calle -¡que ya va refrescando!-. Además, junto con ese papelito necesito el contrato del piso donde vivo -algo que será imposible, al menos, hasta el 22 de septiembre- o, en su defecto, una acreditación de la Junta de Freguesía -que, siendo sinceros, no tengo idea de qué cojones es- que diga que vivo aquí, para lo cual necesito que alguien acredite que vivo aquí, algo dificil si tenemos en cuenta que no conozco a ningun vecino. Ese papelito, a su vez, me dará acceso a mi número de contribuyente en el fisco -que no es fiasco- portugués, en lo que será la madre de todos los corderos si a las carambolas nos referimos. La cosa se complica..., y, supongo que a la larga, me exigirán una muestra de sangre, orina y heces para asegurarse de que soy un ser humano y no una especie de gusano interestelar llegado de Raticulín.
Con lo cual dependo de que los funcionarios españoles hagan su trabajo en un plazo menor a un año -cosa no tan sencilla-, de que los portugueses decidan, al menos, abrir la oficina para trabajar y de que, a la vez, consiga la montonera de papeles que hace falta para hacerse una cuenta en el banco -lo dicho, jamás nadie puso tantas pegas para recibir dinero-. Ahora mismo me siento como Indiana Jones tratando de dar el cambiazo por un pedrusco sin que la enorme roca rodadora me aplaste. ¿En qué acabará todo esto? Lo veremos próximamente.
*Consejo Erasmus nº2.- Nunca te fies de la palabra de un funcionario. Son malvados.
Visto el primer fracaso, y ya acumulo unos cuantos, decidí ir al banco a hacer un trámite tan simple como abrir una cuenta y juro que jamás nadie me puso tantos problemas para recibir dinero. En primer lugar, y una vez que he conseguido entenderme con la señora del banco -cosa que no ha sido fácil- me dice que necesito un certificado de matriculación. Ese certificado sólo me lo darán cuando sepa en qué me tengo que matricular, es decir, cuando el señor vicedecano de relaciones internacionales de la Facultad de Filosofía -un hombre que nadie sabe cómo y porqué tiene ese puesto y del que depende la vida de muchos estudiantes- decida si me convalida o no las asignaturas. Pero es que ésto viene de más lejos. Una vez que conseguí que el tal vicedecano me aceptase la propuesta de convalidación el pasado verano, la envié a Lisboa -un mes después de cerrarse el plazo de envío, todo hay que decirlo- y me la devolvieron firmada y confirmada por la Facultad de Letras de aquí, mi próximo lugar de estudio. Así que, teniendo eso decidí no preocuparme y dedicarme a cosas profundas de filósofos como chisparme y hacerme rastas en los pelos del ombligo en lo que iba llegando septiembre y el trabajo de Jarauta apremiaba. Una vez que decidí de dónde copiar el trabajo -lo hice copiando a varios, con lo que no es plagio sino documentación bibliográfica que, siendo lo mismo, suena mucho más académico y respetable- se me ocurrió mirar mi horario y ¡sorpresa! Mis asignaturas habían desaparecido. A una semana de viajar a Lisboa me quedo con cinco asignaturas. Otra vez a hacer la propuesta, otra vez a enviarla, otra vez a que el señor Schriewer la procese -con el consiguiente mes que ello conlleva- y, por supuesto, me toca viajar sin saber siquiera si podré matricularme de alguna asignatura. Pues bien, sin ese papelito de España, no puedo hacer el papelito de Portugal que me dará acceso a mi cuenta corriente, que a su vez me dará acceso a dinero que a su vez -y así ad infinitum- me dará acceso a comida y evitará que tenga que mendigar y vivir en la calle -¡que ya va refrescando!-. Además, junto con ese papelito necesito el contrato del piso donde vivo -algo que será imposible, al menos, hasta el 22 de septiembre- o, en su defecto, una acreditación de la Junta de Freguesía -que, siendo sinceros, no tengo idea de qué cojones es- que diga que vivo aquí, para lo cual necesito que alguien acredite que vivo aquí, algo dificil si tenemos en cuenta que no conozco a ningun vecino. Ese papelito, a su vez, me dará acceso a mi número de contribuyente en el fisco -que no es fiasco- portugués, en lo que será la madre de todos los corderos si a las carambolas nos referimos. La cosa se complica..., y, supongo que a la larga, me exigirán una muestra de sangre, orina y heces para asegurarse de que soy un ser humano y no una especie de gusano interestelar llegado de Raticulín.
Con lo cual dependo de que los funcionarios españoles hagan su trabajo en un plazo menor a un año -cosa no tan sencilla-, de que los portugueses decidan, al menos, abrir la oficina para trabajar y de que, a la vez, consiga la montonera de papeles que hace falta para hacerse una cuenta en el banco -lo dicho, jamás nadie puso tantas pegas para recibir dinero-. Ahora mismo me siento como Indiana Jones tratando de dar el cambiazo por un pedrusco sin que la enorme roca rodadora me aplaste. ¿En qué acabará todo esto? Lo veremos próximamente.
*Consejo Erasmus nº2.- Nunca te fies de la palabra de un funcionario. Son malvados.
martes, 13 de septiembre de 2011
El viaje y la llegada
No os voy a mentir, ha sido un día dificil. Desde anoche lo está siendo. Yo pensaba que lo tenía más asimilado, que no me afectaría demasiado irme, pero ha sido más complicado de lo que creía. Al final, y contra mi voluntad, todo ha sido un mar de lágrimas.
El viaje, largo y melancólico. El autobús incómodo, la película horrible, el aeropuerto un caos. De vez en cuando, alguna lagrimilla se me escapaba. Soy un blando.
Sin embargo, no olvidemos que hoy es martes y trece, día de buena suerte para todos y yo, cómo no, no iba a ser una excepción. Los vuelos LowCost son traicioneros, siempre son distintos de lo que esperas pero es que, además, te timan con una facilidad asombrosa. Como me iba para todo un año, decidí facturar dos maletas grandes creyendo que cada una podría contener 20 kilos. 40 kilos de chismes y ropa para todo un año se antojaba todo un reto, pero lo superé con ciertas combinaciones de tretris que me llevaron buena parte de la tarde y la noche. Sin embargo, la sombra del martes y trece se ceñía sobre mi: cuando llego a facturar me dicen que no, que los 20 kilos son por cada pasajero, no por cada maleta. La cuestión es la siguiente ¿qué puto sentido tiene que facture varias maletas si no puedo facturar más peso? ¿Si facturo 20 maletas de un kilo será igual? ¿Qué clase de mono retorcido ha ideado esta medida? En fin..., con cara de pena pregunto por una solución y, a sabiendas de que Correos estaba cerrado, me quedaban 20 minutos para embarcar y no tenía a nadie en un radio de 300 kilómetros a quien encomendarle mi maleta decidí facturarla como peso extra. Sopresa la que se me venía encima. El mayor timo del siglo: 12€ por kilo, lo que en un total de 18 kilos hacían 216 eurazos. Un mes de piso en una sola maleta. Un negocio redondo.
En medio de un monumental cabreo, no era para menos, decidí tirar de picaresca española. En un primer intento agarrá la maleta con disimulo para aligerar la marca de la váscula. Primer intento fallido, no era una maniobra demasiado discreta. Así que me quedaba restregarme a pedirle a la tiaputa de las maletas que me hiciese el favor de poner menos peso, que este mes no podría comer si facturaba la maleta, que me perdonase la vida. Impasible dijo: "lo siento pero no puedo, son las normas" ¡Oye la tiaputa!
Agaché la cabeza y dejé que me desplumaran. Primera batalla contra el sistema perdida, pero no será la última.
A la llegada, lo normal. Un caos para conseguir las maletas, un coñazo para encontrar un taxi que supiese dónde vivo y, al final, llegada a casa. Una casa pequeña -como todas las de por aquí-, a compartir con un amigo y una chica que no conozco de nada. Hoy empieza mi vida de emancipado en otro país, y empieza por todo lo alto.
*Consejo erasmus nº1: "No os fieis de los vuelos LowCost"
El viaje, largo y melancólico. El autobús incómodo, la película horrible, el aeropuerto un caos. De vez en cuando, alguna lagrimilla se me escapaba. Soy un blando.
Sin embargo, no olvidemos que hoy es martes y trece, día de buena suerte para todos y yo, cómo no, no iba a ser una excepción. Los vuelos LowCost son traicioneros, siempre son distintos de lo que esperas pero es que, además, te timan con una facilidad asombrosa. Como me iba para todo un año, decidí facturar dos maletas grandes creyendo que cada una podría contener 20 kilos. 40 kilos de chismes y ropa para todo un año se antojaba todo un reto, pero lo superé con ciertas combinaciones de tretris que me llevaron buena parte de la tarde y la noche. Sin embargo, la sombra del martes y trece se ceñía sobre mi: cuando llego a facturar me dicen que no, que los 20 kilos son por cada pasajero, no por cada maleta. La cuestión es la siguiente ¿qué puto sentido tiene que facture varias maletas si no puedo facturar más peso? ¿Si facturo 20 maletas de un kilo será igual? ¿Qué clase de mono retorcido ha ideado esta medida? En fin..., con cara de pena pregunto por una solución y, a sabiendas de que Correos estaba cerrado, me quedaban 20 minutos para embarcar y no tenía a nadie en un radio de 300 kilómetros a quien encomendarle mi maleta decidí facturarla como peso extra. Sopresa la que se me venía encima. El mayor timo del siglo: 12€ por kilo, lo que en un total de 18 kilos hacían 216 eurazos. Un mes de piso en una sola maleta. Un negocio redondo.
En medio de un monumental cabreo, no era para menos, decidí tirar de picaresca española. En un primer intento agarrá la maleta con disimulo para aligerar la marca de la váscula. Primer intento fallido, no era una maniobra demasiado discreta. Así que me quedaba restregarme a pedirle a la tiaputa de las maletas que me hiciese el favor de poner menos peso, que este mes no podría comer si facturaba la maleta, que me perdonase la vida. Impasible dijo: "lo siento pero no puedo, son las normas" ¡Oye la tiaputa!
Agaché la cabeza y dejé que me desplumaran. Primera batalla contra el sistema perdida, pero no será la última.
A la llegada, lo normal. Un caos para conseguir las maletas, un coñazo para encontrar un taxi que supiese dónde vivo y, al final, llegada a casa. Una casa pequeña -como todas las de por aquí-, a compartir con un amigo y una chica que no conozco de nada. Hoy empieza mi vida de emancipado en otro país, y empieza por todo lo alto.
*Consejo erasmus nº1: "No os fieis de los vuelos LowCost"
A presentaçao
¿Qué es esto? ¿qué pretendo conseguir? ¿soy acaso un exhibicionista, un loco ávido de fama y dinero? ¿Tanto me aburro que quiero contar mi vida?
Pues no, o al menos no es así del todo. No voy a contar mi vida sin más, sino que pretendo narrar aventuras. Las aventuras de un chico de una pequeña ciudad en esta locura de país que es Portugal. Es, por tanto, una historia de supervivencia la que quiero contar, una fábula de idiotas, inútiles e incompetentes que se adorna en un marco económico más bien pobre. No olvidemos que somos estudiantes, gente humilde que no sabe si podrá comer y pagar el piso en el mismo mes.
Espero que sigais mis aventuras.
Pues no, o al menos no es así del todo. No voy a contar mi vida sin más, sino que pretendo narrar aventuras. Las aventuras de un chico de una pequeña ciudad en esta locura de país que es Portugal. Es, por tanto, una historia de supervivencia la que quiero contar, una fábula de idiotas, inútiles e incompetentes que se adorna en un marco económico más bien pobre. No olvidemos que somos estudiantes, gente humilde que no sabe si podrá comer y pagar el piso en el mismo mes.
Espero que sigais mis aventuras.
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