miércoles, 14 de septiembre de 2011

Sobre burros y burrócratas

Hoy he tenido mi primera toma de contacto con la burocracia portuguesa. A primera hora decidir ir a la universidad a terminar con el papeleo y ¡sorpresa! Los funcionarios son en Lisboa aun más vagos que en España. Era imposible, no me lo podía creer, una oficina cerrada un miércoles a las diez de la mañana. ¿En qué clase de mundo vivo que creía que los miércoles se trabajaba? ¿Acaso los españoles somos los más trabajadores de Europa? ¿Al menos de la península?
Visto el primer fracaso, y ya acumulo unos cuantos, decidí ir al banco a hacer un trámite tan simple como abrir una cuenta y juro que jamás nadie me puso tantos problemas para recibir dinero. En primer lugar, y una vez que he conseguido entenderme con la señora del banco -cosa que no ha sido fácil- me dice que necesito un certificado de matriculación. Ese certificado sólo me lo darán cuando sepa en qué me tengo que matricular, es decir, cuando el señor vicedecano de relaciones internacionales de la Facultad de Filosofía -un hombre que nadie sabe cómo y porqué tiene ese puesto y del que depende la vida de muchos estudiantes- decida si me convalida o no las asignaturas. Pero es que ésto viene de más lejos. Una vez que conseguí que el tal vicedecano me aceptase la propuesta de convalidación el pasado verano, la envié a Lisboa -un mes después de cerrarse el plazo de envío, todo hay que decirlo- y me la devolvieron firmada y confirmada por la Facultad de Letras de aquí, mi próximo lugar de estudio. Así que, teniendo eso decidí no preocuparme y dedicarme a cosas profundas de filósofos como chisparme y hacerme rastas en los pelos del ombligo en lo que iba llegando septiembre y el trabajo de Jarauta apremiaba. Una vez que decidí de dónde copiar el trabajo -lo hice copiando a varios, con lo que no es plagio sino documentación bibliográfica que, siendo lo mismo, suena mucho más académico y respetable- se me ocurrió mirar mi horario y ¡sorpresa! Mis asignaturas habían desaparecido. A una semana de viajar a Lisboa me quedo con cinco asignaturas. Otra vez a hacer la propuesta, otra vez a enviarla, otra vez a que el señor Schriewer la procese -con el consiguiente mes que ello conlleva- y, por supuesto, me toca viajar sin saber siquiera si podré matricularme de alguna asignatura. Pues bien, sin ese papelito de España, no puedo hacer el papelito de Portugal que me dará acceso a mi cuenta corriente, que a su vez me dará acceso a dinero que a su vez -y así ad infinitum- me dará acceso a comida y evitará que tenga que mendigar y vivir en la calle -¡que ya va refrescando!-. Además, junto con ese papelito necesito el contrato del piso donde vivo -algo que será imposible, al menos, hasta el 22 de septiembre- o, en su defecto, una acreditación de la Junta de Freguesía -que, siendo sinceros, no tengo idea de qué cojones es- que diga que vivo aquí, para lo cual necesito que alguien acredite que vivo aquí, algo dificil si tenemos en cuenta que no conozco a ningun vecino. Ese papelito, a su vez, me dará acceso a mi número de contribuyente en el fisco -que no es fiasco- portugués, en lo que será la madre de todos los corderos si a las carambolas nos referimos. La cosa se complica..., y, supongo que a la larga, me exigirán una muestra de sangre, orina y heces para asegurarse de que soy un ser humano y no una especie de gusano interestelar llegado de Raticulín.
Con lo cual dependo de que los funcionarios españoles hagan su trabajo en un plazo menor a un año -cosa no tan sencilla-, de que los portugueses decidan, al menos, abrir la oficina para trabajar y de que, a la vez, consiga la montonera de papeles que hace falta para hacerse una cuenta en el banco -lo dicho, jamás nadie puso tantas pegas para recibir dinero-. Ahora mismo me siento como Indiana Jones tratando de dar el cambiazo por un pedrusco sin que la enorme roca rodadora me aplaste. ¿En qué acabará todo esto? Lo veremos próximamente.

*Consejo Erasmus nº2.- Nunca te fies de la palabra de un funcionario. Son malvados.

4 comentarios:

  1. Shit happens always, lo que pasa es que no lo ves hasta que tienes que buscarte la vida tú solo.
    Todo saldrá bien.

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  2. m ha encantado lo de "una especie de gusano interestelar llegado de Raticulín"
    xcierto m han comentado q cuando t pasa lo q te paso ati de las maletas lo q hace la gente es intentar ponerse TODA la ropa posible para q la maleta pese menos jajjajaja

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  3. Justamente gracias a eso, a que cambié ropa de una maleta a la otra, conseguí quedarme "solo" con 18 kilos.

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  4. Ay Miguelín, Miguelín, vayas donde vayas siempre habrá alguien haciendo la puñeta...
    Me alegro por ti ;) veo que disfrutas de la erasmus, pero yo quiero saber cómo es Tomasia!!!

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